domingo, 30 de julio de 2017

1.Etxe Berria

-''Exte berria'' significa ''Nueva casa'' en lengua euskera. Con el tiempo este término evolucionó al nombre propio ''Javier''-

* * *

Al sur de España hay una localidad llamada Pamplona, donde las estaciones pasan una tras otra, la nieve cae, florecen las flores, el sol brilla y las hojas caen de los arboles. En los años mozos de aquel sitio, Javier vivió su infancia. Corrió por los campos de su granja como nadie y sintió la libertad del viento sobre su rostro. Observó cada atardecer como si fuera el último y estudio el comportamiento del mundo a su alrededor, hasta aquel día...
-Vamos... ¡Vamos, Javier! - Le gritó su hermano mayor.
- Ya voy, ya voy, Alex..-Respondió apresurado, mientras amarraba un mecatillo en una madera de mimbre.
-¡Venga que ya luego papá nos encuentra y no podemos hacer nada!- Ambos estaban desesperados, la adrenalina corría por sus venas. Cuando Javier estuvo listo ambos se adentraron en el bosque. Corrieron sigilosos como linces que cazan, y llegaron a un sitio bastante iluminado. Era verano y en el claro estaban las latas que usaban para practicar.
-Bueno, aquí están las flechas- Dijo Alex. Colocando frente a Javier 10 lanzas plateadas hechas con un grueso alambre -material que robaban cada cierto tiempo del granero de su padre.- Recueda que cumplen su función, eh. Debemos tener cuidado de no lanzarnoslas a nosotros mismos. 
-¡Si! - Javier colocó al lado de las flechas dos rústicos arcos, hechos con madera de mimbre, lijados y sostenidos con el mecatillo. Eran armas medievales, pero a los hermanos les parecían las más modernas de todas. Situaron algunas latas frente a ellos, se alejaron diez metros y comenzaron a usar su recién fabricado armamento. Javier tenía una muy mala puntería mientras que Alex era un experto tirando con el arco. Cada uno tenía cinco oportunidades para derribar su lata. Javier contó con cuatro intentos y restó uno solo. Tensó el arco, posicionó las piernas y...
- ¡Javier! ¡Alex! - Gritó una gruesa voz desde la granja. El pequeño perdió la concentración y la flecha paso pitando a unos cuantos metros lejos de la lata.
- ¡Ahhh! - Se escuchó un grito junto al lugar donde la flecha había caído. Una voz fina era la dueña de aquel grito y de entre los arboles, con una flecha clavada en el brazo, salió una pequeña niña.
- Amanda... - Dijo Alex. Ella era la hija de los vecinos, que compartía la edad de 15 años con Javier.- ¿Qué haces aquí?
- ¡Si sois idiotas! ¡Cómo se os ocurre lanzarme una flecha! - Los pómulos antes blancos de la chica estaban rojos de la rabia, y el vestido que llevaba puesto esta ya con una mancha en una de las mangas que crecía y crecía en color carmín. - ¡Cómo le explico esto a mis padres! - Javier estaba más blanco que la nieve de enero. 
- ¡Corre! - Dijo Alex, tomando a su hermano del brazo y perdiéndose en el bosque.

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