viernes, 11 de agosto de 2017

IV. Carta de suicidio

Encuentra las primeras partes de esta historia en:
I. Carta de suicidio
II. Carta de suicidio
III. Carta de suicidio

* * *

''Arthur:
Veo que nuestro juego a llegado a buen termino si estás leyendo esto. Lo siento amigo, mi carta de suicidio no esta en este mail, pero estas cerca, esta es la 3 pista y son solo 4. Ve por la cuarta y ya habrá acabado el juego. Donde confluyen los pensamientos y los sentimientos, donde la guerra es fría y nunca termina. Allí donde yo siempre ganaba... busca bien entre los recuadros blancos y negros. Un juego de ajedrez nunca fue tan divertido.
Te quiero, 
Marcel''.

Ya sabía que hacer, sabía a donde ir, pero no podía evitar sentirme frustrado. No era la carta de suicidio. Aun después de su muerte el seguía divagando, seguía jugando. Llamé a Sophie y le pregunté si quería ir conmigo, pero declinó. No estoy seguro si es que no quería saber o es que le daba miedo saber, pero... yo sentía que no había razones para estar asustado. Ninguno de nosotros tenia la culpa... Recuerdo una vez donde Marcel habló del suicidio, e incluso le brillaron los ojos: 
''No, no es así- decía - Nadie tiene la culpa aparte del que comete el suicidio. Es tomar tu vida en tus propias manos. Nadie tiene la culpa de que Ayax se suicidará en la guerra de Troya, o que Ofelia se lanzara al río en un desenfrenado desamor. El suicida tiene la culpa. El peso de la vida es demasiado, lo supera y no lo soporta. Es por eso que no emito juicios hacia los suicidas. No se si está bien o mal... pero los que hemos estado al borde sabemos que se siente como si caminaras en una cuerda floja y los dos lados a los que caerás... en ninguno hay red que te sostenga. También el suicida no se afecta a sí mismo al quitarse la vida, pero sabe que dejará secuelas a los cercanos. Es una llamada de atención, pero... No diría que es egoísta. Egoísta sería querer culpar a otros de un suicidio''.
Pasé la noche pensando y pensando en la vida, en mi amigo, en su novia, en su madre, en mis amigos... ¿Qué había después de la muerte? ¿Qué es en si la existencia? ¿Qué hacía yo buscando rastros de alguien que había muerto? Tantas cosas que no era capaz de explicar con la razón, algo más allá me movía a hacerlo. La noche se pasó entre lágrimas y pensamientos y cuando el primer rayo de sol entró por mi ventana, tomé ropa me vestí, cepillé mis dientes y corrí a la universidad. Estaba cerca de saberlo... Espera un poco Marcel, el juego casi se acaba.
La universidad era grande, muy grande, pero cuando conoces un camino se hace llevadero y muy rápido. Caminé por los jardines de rosas blancas que llevaban a la sala de juegos de Humanidades y allí estaba la habitación de Ajedrez 3D. Nunca pude ganarle un juego a Marcel dentro de ese cuarto, pero esta vez iba a jugar y ganar. Al entrar llamó mi atención una foto que antes no estaba allí. Era Marcel, con un trofeo y había un montón de flores a su alrededor. Un homenaje a un Letrado, a un amigo a un humano. Nunca había sentido tanta desesperación junta, tanta tristeza y tanta alegría.
''Domina los cuatro cuadros centrales y tendrás el juego en tus manos''- Decía Marcel.
''Siempre dices eso, siempre lo hago e igual pierdo''  - Yo no me frustraba fácil, pero no poder ganarle un juego de ajedrez a este chamo me estaba poniendo mal. 
''Tranquilo'' - Dio un comando en su brazalete y uno de los peones se movió en dirección a mi reina.
''NO-ME-JO-DAS'' Le grité
''Se trata de estrategia y concentración Creíste que un peón era insignificante, pero terminó destruyendo a tu reina. Porque no estás pendiente de esas cosas. Jaque Mate, por cierto''. Dijo riendo.
Jaque Mate, por cierto. Me agaché cerca del puesto que toma el jugador de las piezas blancas, el puesto de Marcel: El rey. Ese recuadro estaba suelto. El tablero era una plataforma electrónica, pero donde se paraba el líder del equipo era un tablón movible. Allí encontré lo que fui a buscar. Una nota. La desdoblé y reconocí la letra de Marcel.

''¡Amigo!
No sé que se debe sentir hablar con alguien que está muerto, pero aquí estamos hablando aún. ¿Qué te parece? En fin. Llegaste hasta aquí, lo siguiente es que vayas a buscar la carta de suicidio. ¡Ve Mario, rescata a la princesa! O, en este caso, al príncipe. ¿Recuerdas esa historia que te conté acerca de como Eros y Psique se enamoraron, como Ella no podía verlo a Él porque se suponía que era el ser más horrendo y termina siendo persuadida y tiene que pasar por muchas pruebas para poder estar con Eros de nuevo? ¿Recuerdas dónde te la conté? Ese es mi lugar favorito en el mundo. El lugar donde le pedí a Sophie fuera mi novia, el lugar donde te conté mi mito favorito. El lugar donde... Ve, está en un lugar obvio, tan obvio que a nadie se le ocurriría buscar un sobre del mismo color de la madera cerca de allí. Tan obvio que nadie notaría un lazo rojo entre las flores. Tan obvio que no irías allí primero.

Solo queda la carta,
Tuyo,
Marcel.''

Un lugar tan obvio que nadie buscaría allí. Tan obvio que yo no iría allí. El jardín de Afrodita. Así le llamaba él a ese sitio. Era un gran espacio, un gran jardín que quedaba en medio de la universidad. Iba allí cuando no tenia nada que hacer, cuando estaba triste, cuando necesitaba pensar... y a mi no se me había ocurrido ir allí. Me sentí estúpido, pero así era Marcel, su inteligencia te hacía sentir estúpido. Caminé lentamente al Jardín de Afrodita y mis pensamientos volaron lejos.

Los suicidas son seres humanos como todos nosotros, quizá especiales, quizá no. Marcel es un ''Suicida'' pero ¿lo hace eso menos ser humano? No, claro que no. Es el mismo chico que perdió a su familia, que quedo en un orfanato, que estuvo solo mucho tiempo, que escribía como nadie, que cantaba, bebía y se portaba mejor que todos. No tuvo la suerte que tuve yo de crecer como el hijo mayor con una vida acomodada, o la suerte de Sophie de ser hija única y tener todo lo que quisiera, pero estoy seguro que en muchas partes de su vida fue feliz. No puedo juzgarlo, ni siquiera eso me toca a mi. Solo sé que era feliz, porque cuando hablaba del futuro, lo hacía con un brillo peculiar en sus ojos, un brillo que no he visto en nadie. Sus cuentos a pesar de estar llenos de imágenes oscuras, tenían luz, cuando su madre me contaba como fue su vida también sentía las risas de Marcel, sus rizos volando al viento cuando al fin sacó buenas notas, sus ojos claros como los míos llorando de alegría. Imaginé el éxtasis que pudo haber sentido la vez que me contó que tuvo sexo con Sophie. Todas esas cosas las hacía un ser humano normal, él lo era... un ser humano que decidió irse antes y de eso yo ya no era participe a decir nada. Por primera vez entendí a un suicida. Nunca supe que pensar, pero ahora... Ahora entiendo que no debió haber sido fácil para él. Nunca habrá nadie cómo él, él no me abandonó, yo nunca lo abandoné y eso nunca pasará. Peter Pan decía que la segunda estrella a la izquierda que brilla en la noche, lleva a Nunca Jamás. Ojala que él estuviera allí... - Mis pensamientos se detuvieron.

En el Jardín de Afrodita había otro monumento a Marcel con flores blancas y rojas. Allí el se había suicidado. Me senté a contemplar las notas de las personas que habían pasado antes por allí. Algunas flores ya estaban amarillas o moradas. La belleza del lugar se mantenía, y me sentí extraño. Este lugar no era algo que mi amigo hubiera disfrutado. Respiré profundo y fui al árbol donde mi amigo me contó el mito de Eros y Psique. Desde allí se podía visualizar todo el jardín y una imagen hermosa de Marcel abrazándome por la espalda apareció en mi mente, y sentí un escalofrío. ''Gracias'', escuché decir a alguien, pero no había nadie. Me sacudí la cabeza, limpié algunas lágrimas que se me habían escapado y rodeé el árbol unas tres veces hasta que visualice entre unas flores rojas un lazo, lo halé y con el halé un sobré marrón. Lo tomé y salí de allí.

''Arthur:
Encontraste la carta. Todo está dicho. Lee y analiza, no solo leas.
Te amo,
Marcel''.

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