II. Carta de Suicidio

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I. Carta de suicidio


* * *

Revisé cada uno de los cuentos y estuve a punto de entrar en crisis porque aquel hombre me había dejado la única nota de suicidio que existía y yo no encontraba nada. La primera historia era la de la niña y su padre, la segunda la de los gemelos. El tercer cuento era de como un niño se perdía en un bosque y encontraba una joya que sacaba a su familia de la pobreza. El cuarto trababa de una anciana que llevaba haciendo brujería en un pueblo hasta que el día de su muerte deja una muñeca con su alma en ella y embruja el pueblo hasta que el sacerdote la exorciza y saca de allí. El quinto hablaba de una familia donde la madre era una asesina en serie, llevaba a sus hijos a un lugar donde no los encontraría nadie y allí los abandonaba, pero uno de ellos logra escapar y la entrega, para cuando van a buscar a su hermana ya estaba muerta. El sexto era de un chico iniciando su vida escolar en un pueblo nuevo con una familia nueva, le hacían bullying no pudo soportarlo y pidió a sus padres que lo cambiaran, ellos declinaron y él tuvo que aguantar unos difíciles años escolares. El séptimo cuento era de una niña que se enamoraba de un chico rubio de su clase, pero el era gay y estaba enamorado del hermano de la chica, ella no lo soportó y mató a su hermano, un día se vistió como él y fue a casa del chico rubio, pero él sabia quién era y la entregó a la policía, que luego la llevó a un manicomio. El octavo cuento era sobre dos chicos que no conocían la universidad y tenían que lograr que una chica tuviera sexo con ellos en un trío, no lo logran y ambos pierden una apuesta donde quedan siendo meseros para la hermandad de la universidad. El noveno cuento trataba sobre unos gemelos que eran llevados a juicio por un asesinato que ellos no cometieron, pero que todas las pruebas apuntaban hacia ellos, al final quedan en la cárcel -injustamente- y el asesino -su padre- queda libre. El décimo cuento era de cinco niños que se conocieron en el kinder y desde allí nunca se separaron, hasta que dos de ellos desaparecieron, y no los vieron mas. Muchos años mas tarde se reencuentran con uno de los desaparecidos y el les dice que su madre había matado a su hermana y por eso tuvo que irse lejos con su padre. El último cuento es el que ya narré hace rato.
Me partí la cabeza mientras trataba de darle sentido a las letras, pero solo lágrimas de frustración venían a mis ojos y no puede hacer más nada que insultar a mi amigo por dejarme estas cosas sin mas datos que releer los cuentos. 
Me alisté para ir al funeral y la incertidumbre invadía mis entrañas, mi cerebro... ¿Qué me quería decir mi amigo? No lo sabía y quizá nunca lo sabría. Pero ¿En realidad conocía yo al chico de 22 años que acababa de morir? Solo sabía que estudiaba Licenciatura en Letras Hispanoamericanas en la universidad donde yo estudiaba Ingeniería Electromecánica, nos conocimos cuando ambos estábamos en el quinto semestre de nuestra carrera y ya. Salíamos, invitamos chicas a discotecas, pero en realidad yo no sabia con quien convivía, que hacia en los ratos que no estaba conmigo, con nuestros amigos o en la uni. Solo sabia que escribía, o eso era lo que me decía que hacia. Y de su pasado... de su pasado no sabía nada, nada de nada. Era extraño y unas ganas de golpearlo por dejarme a mi estos cuento crecieron en mi interior. Alejé esos pensamientos y me dirigí a la funeraria a despedirme de él. No sabia cómo, ni por qué, pero debía ir allí. 
Al llegar vi a algunos amigos en común y con ellos hablé un rato. Reconocí también a sus amigos de Letras y luego un montón de gente que no conocía. Miré a los lados me acerqué al ataúd y allí estaba, con una sonrisa en el rostro, los ojos cerrados y un traje blanco. Marcel, mi amigo, mi mejor amigo en los últimos meses, alguien de quien no sabía más que algunas cosas.
''Arthur, siempre debes tener un porque para todo'' me decía Marcel mientras fumábamos camino a la parada del bus. ''Todo tiene un porque, Marcel, solo que tú no lo ves'' le respondí de manera jocosa. Sí, era verdad yo necesitaba un porque para todo pero algunas cosas tenia su porque demasiado lejos de la comprensión humana.
Me quedé un rato observando el lugar, una mujer vestida de negro se me acercó y me hizo señas de que la siguiera a una pequeña capilla. Fui con ella, a pesar de que no la conocía y estuvo en silencio mucho rato, pero cuando habló me dejó impresionado con todo lo que me dijo. 
Desperté sobre saltado aquella noche, había soñado con Marcel y sobre mi cama estaban esparcidos los cuentos rayados y marcados por todos lados. Me sentía como un investigador que se había quedado sin pistas a punto de resolver el caso. En el funeral la mujer que me había encontrado era la madre de Marcel, o bueno... su madre adoptiva, que me pidió por favor le entregara los cuentos que su hijo me había estado enviando para ella misma saber porque se suicido, pero yo no podía hacer aquello. En su último correo me pedía explícitamente que no los compartiera. No conocía a bien a aquel chico, pero el lazo que me unía a él era tan grande que no iba a dejar a nadie saber de esos cuentos hasta que yo mismo supiera que eran. La mujer me habló de la vida de Marcel, sus padres se divorciaron a muy temprana edad, tenia seis hermanos y contándolo a él, fueron siete hijos, pero todos los demás habían muerto de alguna forma atroz que ella no quería recordar, y luego sus padres murieron uno por vejez y la otra por drogas. No me quería decir más acerca de ellos y saltó a la parte de cuando Marcel cumplió los 9 años y ella y su esposo lo adoptaron. Había sido una luz para su hogar pero con muchos problemas escolares, hasta que lo cambiaron unas tres veces de escuela y pudieron solucionar muchas cosas. Cuando eligió una carrera de humanidades sus padres adoptivos estuvieron felices y se la financiaron. Me dijo su madre que hablaba mucho de mi y de Sophie. Sophie era su novia. Aparentemente no hablaba de muchas otras cosas. ¿Quién era este chico? ¿Su pasado era importante?
Pasé días y días sin poder resolver el enigma, releyendo cuentos y releyendo e-mails. No me quedaba de otra, debía pedir ayuda a alguien, y ese alguien era la madre de Marcel. Me arreglé a la mañana siguiente para aparecer presentable en la casa de mi amigo, me miré al espejo y mis facciones no habían cambiado mucho a parte de unas grandes ojeras que se dibujaban bajo mis parpados. Mis ojos claros y mi piel morena seguían allí, mis rasgos perfilados y mi mirada serena estaban en su lugar, mi estatura no había cambiado, digo, ya no tenia 17 años. Al llegar a la salió a recibirme su madre. Y fuimos a hablar al jardín trasero.
''Creo que nunca me presenté formalmente, yo soy Arthur... un amigo cercano de Marcel'' Le dije a la mujer. 
''Lo sé, cariño. Yo soy Emma... un gusto que hayas venido a casa'' Una sonrisa sin sentimientos tomó lugar en su rostro dejándome entender que me diría lo que necesitaba. 
''Necesito que me diga como era Marcel... Antes de... Antes de ingresar en la universidad'' Le pedí para ganar puntos faltantes, y la mujer empezó el relato desde los nueve años de Marcel hasta los 18. Muchos puntos tenían conexión, pero aun nada me decía nada, no había nada que me dijera que relación tenían los cuentos con el suicidio de mi amigo.
''Marcel era un chico muy especial, vivía en su propio mundo... Las cosas de su habitación están todas marcadas. Contaba los personajes de sus historias, tenia un cuaderno con todas las descripciones de sus libros y hacía anotaciones en él, nunca lo extraviaba. Soñaba con poder viajar a Egipto algún día y escribir una historia dentro de las pirámides... Era tan joven. Quizá una vida tan desordenada no lleva a nada bueno.'' Su voz se volvió lejana y supe entonces que no había nada que encontrar aquí. Le pedí que me llevará a la habitación de Marcel y allí estuve dando vueltas un rato y tomé algo que llamó mi atención, debía analizarlo, creo que estaba cerca de saber porque.. pero no podía asegurar nada. La tarde se volvió tediosa hasta que al fin pude correr a casa  encerrarme en mi habitación.
Lo que tomé de la casa de Marcel era su diario, o mejor dicho una agenda, que llevaba a todos lados en la universidad. Me decía que era una especie de sitio donde ocultaba cosas obvias. Allí tal vez estuviera la razón de... 
''No le coloco fechas... A nada de lo que escribo aquí.'' Me dijo con una mirada cómplice. ''Es enigmático... si muero algún día nadie sabrá el orden'' Y se echo a reír.
El protegía sus cosas incluso al pensar en su muerte. ¿De verdad quería el que yo supiera esto? O ¿eran simples ilusiones mías? Marcel era extraño, no tendría porque... Mientras estos pensamientos se formaban en mi cabeza un escrito llamo mi atención.

''Arthur: Querido amigo, si supieras que nos separaremos pronto no me dejarías ir sin haberte dado un por qué, pues para todo necesitas una razón, pero tranquilo que te dejaré una razón en mi correo electrónico. Jugaremos a los espías como lo hicimos cuando nos conocimos ¿recuerdas? Ese juego de una semana de duración donde cada uno iba dejando pistas al azar para que el compañero descubriera el mensaje oculto. Esto sera igual solo que tu deberás jugar solo y si lo logras sabrás. Ojala leas esto lo mas pronto posible y no muchísimo después. Y espero que mama no esconda ni mueva mis cosas, estoy dejando todo como un patrón. Recuerda que yo tampoco hago nada al azar. Te quiero.
 Marcel''.

Estaba llorando, no podía controlarlo... Él sabía que yo querría saber que pasó. ''Un juego''. La verdad era de esperarse, ese juego lo invento él. Era como si un juego nos haciera viajar de los 20 años a los diez y lo disfrutábamos. Eran momentos que no volvieron nunca y no volverían. Pero debía jugar por última vez. Seguí revisando el diario y encontré lo que buscaba. la primera pista:

''1) Llegaste al fin, amigo. Ve y busca la segunda pista en los cuentos. Recuerda que me gustaba contar los personajes de mis cuentos. Cada cuento tiene un numero de personajes. Mi clave tiene 15 digitos... ya te adelante 11 con mis cuentos. Los otros 4... ¡tú los sabes! Usa la cabeza. 
Marcel''


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