martes, 15 de agosto de 2017

V. Carta de Suicidio

Encuentra las primeras partes de esta historia en:
I. Carta de suicidio
II. Carta de suicidio
III. Carta de suicidio
IV. Carta de suicidio

* * *

Llegué a casa, me encerré en mi habitación y abrí el sobre. No solo leas...

La Capital, 12 de mayo del 2016

Rodeado de recuerdos y lleno de emociones que desconozco
les dejó esto.

Todos:
Soy escritor y no puedo evitar que se derrame en esta carta parte de ello. Es para ti Mamá, es para ti Sophie, es para ti Arthur. ¿Por dónde comienzo? Por decir que mi vida no estaba bien, en ningún sentido. Lo siento pero así era. No pretendo dar explicaciones a lo que haré, ni tampoco señalar culpables, porque simplemente no puedo, solo.... Adiós. Los cuentos que le envié a Arthur (Disculpa por ponerte en esa situación, bro) contienen mi pasado en guiños, pequeñas partes. Lo siento mamá, y lo siento Andrea (mamá biológica) no puedo mas. Den gracias a Arthur y Sophie por prolongar mi vida unos años mas, pero no podía vivir mas con esto, Andrea tras las rejas y Emma alejándome de ella. Mis dos madres peleando siempre, pero ellas no tienen la culpa. La culpa es mía. Mía. Solo mía. La verdad seria estúpido culpar a alguien mas. Es mi vida la que no funcionaba. Fracaso, tras fracaso, tras fracaso, tras fracaso. Lo único que hago bien es escribir y hasta lo estoy usando de excusa ahora mismo. Lo siento una vez mas.
Detrás de mis sonrisas y juegos había una sombra hablando en mi cabeza, diciéndome que no valía nada ¿Un mal psicológico? ¿Mi consciencia? No importa, lo que importa es que no lo soporto mas y por eso me voy.
Arthur, disculpa por hacerte buscar esto que no explica nada, pero necesitaba escribirlo, y no haría honor a mis juegos si no lo hacia de esta forma ''inserte sonrisa de Marcel''. Así son las cosas hermanos, no tengo un ''porque'' esto solo pasó porque sí. Porque soy débil, porque no aguanto. Pero también debo decir que la ultima parte de mi vida fue la mas agradable. Sophie estuviste para mi siempre, siempre... me aguantabas mientras te hablaba por horas de Aristóteles, Platón, Fucoult, Goethe, Guimaràes Rosa y tantos autores... Me aguantaste cuando quería dejar la carrera, estuviste conmigo cuando los fantasmas de mi pasado me atacaban y te doy las gracias... gracias porque fuiste una luz en mi vida.
Emma, madre, gracias por los mejores años de mi vida. Lástima que Jhonathan haya muerto luego de un año de la adopción. No me hecho la culpa de ello, pero es otro peso que cargo en mi cruz y la hace demasiado pesada. Quizá si mis hermanos vivieran todo estaría bien. O si Andrea estuviera cuerda y pudiera reconocerme. No sé, no sé. Solo sé que contigo no me faltó nada los últimos años. Y sé que tal vez le dijiste a Arthur que mi madre murió por droga o por un accidente, pero tranquila hay cosas que debemos ocultar, cosas que son nuestras y que nadie más debe saber. Te amo. Gracias. Disculpa.
Arthur, gracias por llegar hasta aquí. Guarda mis cuentos, por favor. Son tuyos. Los escribí para ti. Y mucho antes de que este deseo alcanzará mi corazón estos cuentos no decían nada de nada. Pero todo cayó como las piezas que forman un puzzle, todo estaba en su lugar. Esta carta es un adiós, no es un ''porque'' de los que tanto te gustan, pero es un comodín. Amigo, gracias, la verdad es que nadie me ha hecho repensar esto como tú. Nadie me ha pensado en detenerme como tú, pero... Adiós.
Si me hubiera despedido en persona, me hubieran detenido, y hay cosas que se tienen que hacer. Por eso les digo adiós desde aquí, porque sé que nos reencontraremos de alguna manera, quizá no por las leyes de la iglesia, ni por las leyes divinas. Pero tengo la seguridad de que nos veremos de alguna forma del otro lado. En otra linea de tiempo, en un universo distinto.Las griegos tenían el Hades... El inframundo... 
No sé que tan raro será leer esto después de mi muerte, no sé que tan extraño o doloroso... solo sé que siento que agujas salen de mis dedos al escribir y no puedo dejar de llorar por todo lo que dejo atrás, pero no puedo más. Tengo miedo a lo que sucederá después, si es que hay un después, pero tengo miedo de ser adulto, por eso quisiera que fuera real el pais de Nunca jamás, donde nunca crecería, donde no seguiría cometiendo errores, donde... donde... las lágrimas solo serian de felicidad y no de tristeza. Donde todo seria un cuento de hadas, pero la vida es así... no es un cuento de hadas. Tengo miedo.
El sol sale cada mañana y se oculta cada noche, las flores florecen y se marchitan, el espacio es infinito así como lo es todo lo que siento por ustedes tres. Emma, Sophie, Arthur... Los amo, los amo, mas allá de esto. Recuérdenme por lo que era, no por como me fui.

Suyo,
Marcel.

Las lagrimas corrían por mis mejillas, no podía pensar en nada más. No podía hacer nada más. Tomé la almohada y la abrace mientras comenzaba a sacudirme junto a mis sollozos, y pensar en Marcel mientras hablaba de Peter Pan y de Narnia, con la misma seriedad con la que hablaba de Aristóteles y Platón. Mi amigo no mostraba sus escritos, los leía... Era especial, era, alguien único, era Marcel. Pensamientos al rededor de los últimos años se aglomeraron en mi mente. Me quedé dormido en algún momento.

* * *

Van cinco meses de la muerte de Marcel, y ya todos lo aceptamos. Saqué copias de la carta y le dí una a Sophie y otra a Emma. Cada día releo la carta que tanto me costo conseguir. La leo en los lugares a los que solíamos ir. Ninguno tenia sentido sin Marcy, pero la vida continuaba. Miré la pared que tenia en frente y era aquí donde le había insistido a mi amigo por sus cuentos, camino a la cafetería. Saqué mi navaja y la acerqué a mi mano. ''Nos vemos en Nunca jamas, Marcel'' . Respiré profundo, guarde la navaja, y seguí mi camino a la facultad. Marcel no volvería, nada lo traería de regreso, pero saber que lo había pasado nos trajo paz a todos.
El sol se acercaba a su ocaso y en lo alto dos resplandecientes estrellas brillaban. La segunda a la izquierda lleva a Nunca jamas.

viernes, 11 de agosto de 2017

IV. Carta de suicidio

Encuentra las primeras partes de esta historia en:
I. Carta de suicidio
II. Carta de suicidio
III. Carta de suicidio

* * *

''Arthur:
Veo que nuestro juego a llegado a buen termino si estás leyendo esto. Lo siento amigo, mi carta de suicidio no esta en este mail, pero estas cerca, esta es la 3 pista y son solo 4. Ve por la cuarta y ya habrá acabado el juego. Donde confluyen los pensamientos y los sentimientos, donde la guerra es fría y nunca termina. Allí donde yo siempre ganaba... busca bien entre los recuadros blancos y negros. Un juego de ajedrez nunca fue tan divertido.
Te quiero, 
Marcel''.

Ya sabía que hacer, sabía a donde ir, pero no podía evitar sentirme frustrado. No era la carta de suicidio. Aun después de su muerte el seguía divagando, seguía jugando. Llamé a Sophie y le pregunté si quería ir conmigo, pero declinó. No estoy seguro si es que no quería saber o es que le daba miedo saber, pero... yo sentía que no había razones para estar asustado. Ninguno de nosotros tenia la culpa... Recuerdo una vez donde Marcel habló del suicidio, e incluso le brillaron los ojos: 
''No, no es así- decía - Nadie tiene la culpa aparte del que comete el suicidio. Es tomar tu vida en tus propias manos. Nadie tiene la culpa de que Ayax se suicidará en la guerra de Troya, o que Ofelia se lanzara al río en un desenfrenado desamor. El suicida tiene la culpa. El peso de la vida es demasiado, lo supera y no lo soporta. Es por eso que no emito juicios hacia los suicidas. No se si está bien o mal... pero los que hemos estado al borde sabemos que se siente como si caminaras en una cuerda floja y los dos lados a los que caerás... en ninguno hay red que te sostenga. También el suicida no se afecta a sí mismo al quitarse la vida, pero sabe que dejará secuelas a los cercanos. Es una llamada de atención, pero... No diría que es egoísta. Egoísta sería querer culpar a otros de un suicidio''.
Pasé la noche pensando y pensando en la vida, en mi amigo, en su novia, en su madre, en mis amigos... ¿Qué había después de la muerte? ¿Qué es en si la existencia? ¿Qué hacía yo buscando rastros de alguien que había muerto? Tantas cosas que no era capaz de explicar con la razón, algo más allá me movía a hacerlo. La noche se pasó entre lágrimas y pensamientos y cuando el primer rayo de sol entró por mi ventana, tomé ropa me vestí, cepillé mis dientes y corrí a la universidad. Estaba cerca de saberlo... Espera un poco Marcel, el juego casi se acaba.
La universidad era grande, muy grande, pero cuando conoces un camino se hace llevadero y muy rápido. Caminé por los jardines de rosas blancas que llevaban a la sala de juegos de Humanidades y allí estaba la habitación de Ajedrez 3D. Nunca pude ganarle un juego a Marcel dentro de ese cuarto, pero esta vez iba a jugar y ganar. Al entrar llamó mi atención una foto que antes no estaba allí. Era Marcel, con un trofeo y había un montón de flores a su alrededor. Un homenaje a un Letrado, a un amigo a un humano. Nunca había sentido tanta desesperación junta, tanta tristeza y tanta alegría.
''Domina los cuatro cuadros centrales y tendrás el juego en tus manos''- Decía Marcel.
''Siempre dices eso, siempre lo hago e igual pierdo''  - Yo no me frustraba fácil, pero no poder ganarle un juego de ajedrez a este chamo me estaba poniendo mal. 
''Tranquilo'' - Dio un comando en su brazalete y uno de los peones se movió en dirección a mi reina.
''NO-ME-JO-DAS'' Le grité
''Se trata de estrategia y concentración Creíste que un peón era insignificante, pero terminó destruyendo a tu reina. Porque no estás pendiente de esas cosas. Jaque Mate, por cierto''. Dijo riendo.
Jaque Mate, por cierto. Me agaché cerca del puesto que toma el jugador de las piezas blancas, el puesto de Marcel: El rey. Ese recuadro estaba suelto. El tablero era una plataforma electrónica, pero donde se paraba el líder del equipo era un tablón movible. Allí encontré lo que fui a buscar. Una nota. La desdoblé y reconocí la letra de Marcel.

''¡Amigo!
No sé que se debe sentir hablar con alguien que está muerto, pero aquí estamos hablando aún. ¿Qué te parece? En fin. Llegaste hasta aquí, lo siguiente es que vayas a buscar la carta de suicidio. ¡Ve Mario, rescata a la princesa! O, en este caso, al príncipe. ¿Recuerdas esa historia que te conté acerca de como Eros y Psique se enamoraron, como Ella no podía verlo a Él porque se suponía que era el ser más horrendo y termina siendo persuadida y tiene que pasar por muchas pruebas para poder estar con Eros de nuevo? ¿Recuerdas dónde te la conté? Ese es mi lugar favorito en el mundo. El lugar donde le pedí a Sophie fuera mi novia, el lugar donde te conté mi mito favorito. El lugar donde... Ve, está en un lugar obvio, tan obvio que a nadie se le ocurriría buscar un sobre del mismo color de la madera cerca de allí. Tan obvio que nadie notaría un lazo rojo entre las flores. Tan obvio que no irías allí primero.

Solo queda la carta,
Tuyo,
Marcel.''

Un lugar tan obvio que nadie buscaría allí. Tan obvio que yo no iría allí. El jardín de Afrodita. Así le llamaba él a ese sitio. Era un gran espacio, un gran jardín que quedaba en medio de la universidad. Iba allí cuando no tenia nada que hacer, cuando estaba triste, cuando necesitaba pensar... y a mi no se me había ocurrido ir allí. Me sentí estúpido, pero así era Marcel, su inteligencia te hacía sentir estúpido. Caminé lentamente al Jardín de Afrodita y mis pensamientos volaron lejos.

Los suicidas son seres humanos como todos nosotros, quizá especiales, quizá no. Marcel es un ''Suicida'' pero ¿lo hace eso menos ser humano? No, claro que no. Es el mismo chico que perdió a su familia, que quedo en un orfanato, que estuvo solo mucho tiempo, que escribía como nadie, que cantaba, bebía y se portaba mejor que todos. No tuvo la suerte que tuve yo de crecer como el hijo mayor con una vida acomodada, o la suerte de Sophie de ser hija única y tener todo lo que quisiera, pero estoy seguro que en muchas partes de su vida fue feliz. No puedo juzgarlo, ni siquiera eso me toca a mi. Solo sé que era feliz, porque cuando hablaba del futuro, lo hacía con un brillo peculiar en sus ojos, un brillo que no he visto en nadie. Sus cuentos a pesar de estar llenos de imágenes oscuras, tenían luz, cuando su madre me contaba como fue su vida también sentía las risas de Marcel, sus rizos volando al viento cuando al fin sacó buenas notas, sus ojos claros como los míos llorando de alegría. Imaginé el éxtasis que pudo haber sentido la vez que me contó que tuvo sexo con Sophie. Todas esas cosas las hacía un ser humano normal, él lo era... un ser humano que decidió irse antes y de eso yo ya no era participe a decir nada. Por primera vez entendí a un suicida. Nunca supe que pensar, pero ahora... Ahora entiendo que no debió haber sido fácil para él. Nunca habrá nadie cómo él, él no me abandonó, yo nunca lo abandoné y eso nunca pasará. Peter Pan decía que la segunda estrella a la izquierda que brilla en la noche, lleva a Nunca Jamás. Ojala que él estuviera allí... - Mis pensamientos se detuvieron.

En el Jardín de Afrodita había otro monumento a Marcel con flores blancas y rojas. Allí el se había suicidado. Me senté a contemplar las notas de las personas que habían pasado antes por allí. Algunas flores ya estaban amarillas o moradas. La belleza del lugar se mantenía, y me sentí extraño. Este lugar no era algo que mi amigo hubiera disfrutado. Respiré profundo y fui al árbol donde mi amigo me contó el mito de Eros y Psique. Desde allí se podía visualizar todo el jardín y una imagen hermosa de Marcel abrazándome por la espalda apareció en mi mente, y sentí un escalofrío. ''Gracias'', escuché decir a alguien, pero no había nadie. Me sacudí la cabeza, limpié algunas lágrimas que se me habían escapado y rodeé el árbol unas tres veces hasta que visualice entre unas flores rojas un lazo, lo halé y con el halé un sobré marrón. Lo tomé y salí de allí.

''Arthur:
Encontraste la carta. Todo está dicho. Lee y analiza, no solo leas.
Te amo,
Marcel''.

jueves, 10 de agosto de 2017

III. Carta de Suicidio

Encuentra la primera y segunda parte de esta historia en:

* * *

Idiota, GRANDÍSIMO IDIOTA. Lloré de rabia y de impotencia, luego de tristeza y de felicidad: él simplemente estaba jugando. Siempre jugaba, detrás de su inteligencia, detrás de todos sus conocimientos, detrás de todo, Marcel siempre sería el niño que quería jugar y no crecer. Un Peter Pan sin Wendy, un niño del pais de nunca jamas, un Sombrero loco sin sombrero, un Aslan sin Narnia... Un niño siempre vivo. Pero no ahora. Busqué los cuentos y conté los personajes de. Una simple secuencia... Una secuencia. No podía creerlo solo estaba a cuatro dígitos de saber que pasaba, o mejor dicho que pasó.
Llamé a Sophie y le conté lo que había encontrado, no quería estar solo y ademas me faltaban cuatro números, esto me estaba llevando tiempo... Marcel no diseño este juego para que durara una semana, lo diseño para que lo resolviera lógicamente, así que debía ir a sus amigos, a las cosas que amaba. Y según su madre eramos Sophie, ella y yo. Emma ya había colaborado, solo faltaba Sophie.
Adentrarme en los pasillos de Letras no me parecía tan extraño desde que Marcel me hacia ir por allí al salir de clases para ir a jugar pool por las noches. Me acerqué al área de la cafetería de humanidades y allí rodeada de chicas estaba la novia de mi amigo, su cabellos estaban atados en una coleta, miraba hacia ningún lado mientras asentía a lo que sus amigas decían.
''Hey, you'' Le dije al estar cerca.
''Sir, Ar'' Me dijo sonriendo y dándome un abrazo. ''Tiempo sin verte, pareciera que no has dormido en días''
''Igual que tú, Princess'' Sir, Ar me llamaba ella por los libros de caballería y yo había acordado decirle Princess en respuesta a ese cómico apodo. Marcel amaba cuando nos escuchaba hablar porque decía que podíamos tranquilamente formar una relación poliamorosa y un monton de cosas de las cuales yo recordaba cada detalle.
''Necesitamos hablar, Sophie.'' Le dije mirando al piso, mientras sacaba de la chaqueta la libreta de Marcel y se la pasaba.
''Claro...'' Tomó sus cosas y salimos de la cafetería para lograr reducir la cantidad de gente que os escuchara.
''Tienes alguna idea de esto, Soph'' Le dije mientras me sentaba en un banco bajo un farol.
''Marcel era... Tan enigmático a veces, que yo misma me sentía perdida cuando estaba con él. Lo amaba demasiado, lo amo demasiado. Me enamoré de él por su gracia, siempre hablaba de su pasado cuando no lograba escribir. Me besaba como nadie nunca lo ha hecho.'' Se secó algunas lágrimas de los ojos. ''Una vez me dijo que yo era su ángel guardián y tú eras su ancla. Ambos le cuidábamos''
''Lo sé lo mismo me dijo una vez que se puso a divagar bajo los efectos del alcohol en la fiesta de Ingeniería'' Una lágrima se deslizo silenciosa por mi mejilla. Estaba perdiendo esperanzas, extrañaba a mi amigo, extrañaba su compañía.

''Ok... me rindo, Marcel.': Le dije mientras me arrodillaba. No podía creer que con 25 años accediera a jugar estas cosas.
''Si te rindes debes darme tu anillo de posesión'' Me dijo con una sonrisa burlona. Jugábamos ajedrez en 3D en una sala especial que había en humanidades. El se acercó y tomó mi mano para quitarme el anillo, le di un puntapié y cayó justa al lado mio.
''No te daré mi anillo, Marcel'' Le dije riendo y ayudándolo a pararse. ''Sabes que eres mejor que yo en el ajedrez, así que por eso aposte pizza''
''Cierto'' Dijo el soltando una carcajada. ''Vamos por Sophie y luego por mi pizza''. Sonrío hacia mi y luego agregó ''Somos un gran equipo, Arthur ¿No me abandones, si? Nunca'' Guiñó un ojo y salió camino a la cafetería.

Tu me abandonaste, pensé. Pero no sabia si era posible reclamar algo a alguien que había muerto.
''Marcy tenia tantas cosas... Pero no se cuales pueden ser esos últimos números'' Dijo Sophie sacándome de mi ensueño. ''Ni siquiera teníamos fechas para celebrar un aniversario o algo así, porque Marcel va... iba en contra de ello, es extraño pero lo sabes''.
''Lo sé'' Sophie me abrazó y me devolvió la libreta, la cual estuvo ojeando un rato, pero nada salia.
Mire los cuentos esa noche, releí los mensajes y no había nada. Nada, absolutamente nada. Era hora de rendirse.
Me levanté temprano el sábado y fui al cementerio, estuve un rato observando la lapida que rezaba ''Marcel C. Romero H. 16-10-1991 - 12-05-2016'' había algo que llamaba mi atención pero no sabia que era. Se sentía extraño, era como si me gritaran en silencio. Saqué la libreta y fui a su ultimo escrito.

''No coloco fecha nunca, pero quiza sea tiempo, ya que es lo ultimo que tengo 12/05/2016, coincide con mi fecha de nacimiento, digo el 16. 
Marcel. 
PD: Ahí lo tienes''

Usa la cabeza... Marcel... me había dejado la clave de su correo por todas partes... y terminaba en 1-6-1-6. Estaba seguro y ahora más que nunca.

''Son 16 piezas, Arthur, 16 en un equipo y 16 en otro. NO es la gran cosa'' Me dijo Marcel al salir del juego de ajedrez.
''¿Por qué no menos o más?'' Me encantaba molestarlo. Era un tipo relajado pero verlo molesto por pequeñeces me parecía divertido.
''No lo sé, 16, no más, no menos. Algunas cosas son así porque si'' Me respondió tomando un refresco de la maquina expendedora. ''Quizás ese número resuelva un enigma alguna vez y allí tendrás tu por qué'' Se río, batió la coca cola y la abrió en dirección a mi.

Y ya tengo la respuesta. Corrí a casa, me encerré en mi habitación e ingrese al correo: Marcel16_10_97@gmail.com. Marqué la contraseña y el correo me dejó ingresar. Estaba vacío. No había mas correos, no había nada... solo una carpeta marcaba un pequeño símbolo. Toqué la carpeta con el titulo ''Archivos'' y me dejó ver un documento en PDF que tenia de nombre: LEEME. Y debajo un peque mensaje: 

Felicidades, llegaste Arthur. Por favor no te enojes. Después de leer esta mínima carta, deberás seguir en busca de la real. ''Lo siento, Mario, la princesa no está en este castillo''.
Marcel.

miércoles, 9 de agosto de 2017

II. Carta de Suicidio

Encuentra la primera parte de esta historia en:
I. Carta de suicidio


* * *

Revisé cada uno de los cuentos y estuve a punto de entrar en crisis porque aquel hombre me había dejado la única nota de suicidio que existía y yo no encontraba nada. La primera historia era la de la niña y su padre, la segunda la de los gemelos. El tercer cuento era de como un niño se perdía en un bosque y encontraba una joya que sacaba a su familia de la pobreza. El cuarto trababa de una anciana que llevaba haciendo brujería en un pueblo hasta que el día de su muerte deja una muñeca con su alma en ella y embruja el pueblo hasta que el sacerdote la exorciza y saca de allí. El quinto hablaba de una familia donde la madre era una asesina en serie, llevaba a sus hijos a un lugar donde no los encontraría nadie y allí los abandonaba, pero uno de ellos logra escapar y la entrega, para cuando van a buscar a su hermana ya estaba muerta. El sexto era de un chico iniciando su vida escolar en un pueblo nuevo con una familia nueva, le hacían bullying no pudo soportarlo y pidió a sus padres que lo cambiaran, ellos declinaron y él tuvo que aguantar unos difíciles años escolares. El séptimo cuento era de una niña que se enamoraba de un chico rubio de su clase, pero el era gay y estaba enamorado del hermano de la chica, ella no lo soportó y mató a su hermano, un día se vistió como él y fue a casa del chico rubio, pero él sabia quién era y la entregó a la policía, que luego la llevó a un manicomio. El octavo cuento era sobre dos chicos que no conocían la universidad y tenían que lograr que una chica tuviera sexo con ellos en un trío, no lo logran y ambos pierden una apuesta donde quedan siendo meseros para la hermandad de la universidad. El noveno cuento trataba sobre unos gemelos que eran llevados a juicio por un asesinato que ellos no cometieron, pero que todas las pruebas apuntaban hacia ellos, al final quedan en la cárcel -injustamente- y el asesino -su padre- queda libre. El décimo cuento era de cinco niños que se conocieron en el kinder y desde allí nunca se separaron, hasta que dos de ellos desaparecieron, y no los vieron mas. Muchos años mas tarde se reencuentran con uno de los desaparecidos y el les dice que su madre había matado a su hermana y por eso tuvo que irse lejos con su padre. El último cuento es el que ya narré hace rato.
Me partí la cabeza mientras trataba de darle sentido a las letras, pero solo lágrimas de frustración venían a mis ojos y no puede hacer más nada que insultar a mi amigo por dejarme estas cosas sin mas datos que releer los cuentos. 
Me alisté para ir al funeral y la incertidumbre invadía mis entrañas, mi cerebro... ¿Qué me quería decir mi amigo? No lo sabía y quizá nunca lo sabría. Pero ¿En realidad conocía yo al chico de 22 años que acababa de morir? Solo sabía que estudiaba Licenciatura en Letras Hispanoamericanas en la universidad donde yo estudiaba Ingeniería Electromecánica, nos conocimos cuando ambos estábamos en el quinto semestre de nuestra carrera y ya. Salíamos, invitamos chicas a discotecas, pero en realidad yo no sabia con quien convivía, que hacia en los ratos que no estaba conmigo, con nuestros amigos o en la uni. Solo sabia que escribía, o eso era lo que me decía que hacia. Y de su pasado... de su pasado no sabía nada, nada de nada. Era extraño y unas ganas de golpearlo por dejarme a mi estos cuento crecieron en mi interior. Alejé esos pensamientos y me dirigí a la funeraria a despedirme de él. No sabia cómo, ni por qué, pero debía ir allí. 
Al llegar vi a algunos amigos en común y con ellos hablé un rato. Reconocí también a sus amigos de Letras y luego un montón de gente que no conocía. Miré a los lados me acerqué al ataúd y allí estaba, con una sonrisa en el rostro, los ojos cerrados y un traje blanco. Marcel, mi amigo, mi mejor amigo en los últimos meses, alguien de quien no sabía más que algunas cosas.
''Arthur, siempre debes tener un porque para todo'' me decía Marcel mientras fumábamos camino a la parada del bus. ''Todo tiene un porque, Marcel, solo que tú no lo ves'' le respondí de manera jocosa. Sí, era verdad yo necesitaba un porque para todo pero algunas cosas tenia su porque demasiado lejos de la comprensión humana.
Me quedé un rato observando el lugar, una mujer vestida de negro se me acercó y me hizo señas de que la siguiera a una pequeña capilla. Fui con ella, a pesar de que no la conocía y estuvo en silencio mucho rato, pero cuando habló me dejó impresionado con todo lo que me dijo. 
Desperté sobre saltado aquella noche, había soñado con Marcel y sobre mi cama estaban esparcidos los cuentos rayados y marcados por todos lados. Me sentía como un investigador que se había quedado sin pistas a punto de resolver el caso. En el funeral la mujer que me había encontrado era la madre de Marcel, o bueno... su madre adoptiva, que me pidió por favor le entregara los cuentos que su hijo me había estado enviando para ella misma saber porque se suicido, pero yo no podía hacer aquello. En su último correo me pedía explícitamente que no los compartiera. No conocía a bien a aquel chico, pero el lazo que me unía a él era tan grande que no iba a dejar a nadie saber de esos cuentos hasta que yo mismo supiera que eran. La mujer me habló de la vida de Marcel, sus padres se divorciaron a muy temprana edad, tenia seis hermanos y contándolo a él, fueron siete hijos, pero todos los demás habían muerto de alguna forma atroz que ella no quería recordar, y luego sus padres murieron uno por vejez y la otra por drogas. No me quería decir más acerca de ellos y saltó a la parte de cuando Marcel cumplió los 9 años y ella y su esposo lo adoptaron. Había sido una luz para su hogar pero con muchos problemas escolares, hasta que lo cambiaron unas tres veces de escuela y pudieron solucionar muchas cosas. Cuando eligió una carrera de humanidades sus padres adoptivos estuvieron felices y se la financiaron. Me dijo su madre que hablaba mucho de mi y de Sophie. Sophie era su novia. Aparentemente no hablaba de muchas otras cosas. ¿Quién era este chico? ¿Su pasado era importante?
Pasé días y días sin poder resolver el enigma, releyendo cuentos y releyendo e-mails. No me quedaba de otra, debía pedir ayuda a alguien, y ese alguien era la madre de Marcel. Me arreglé a la mañana siguiente para aparecer presentable en la casa de mi amigo, me miré al espejo y mis facciones no habían cambiado mucho a parte de unas grandes ojeras que se dibujaban bajo mis parpados. Mis ojos claros y mi piel morena seguían allí, mis rasgos perfilados y mi mirada serena estaban en su lugar, mi estatura no había cambiado, digo, ya no tenia 17 años. Al llegar a la salió a recibirme su madre. Y fuimos a hablar al jardín trasero.
''Creo que nunca me presenté formalmente, yo soy Arthur... un amigo cercano de Marcel'' Le dije a la mujer. 
''Lo sé, cariño. Yo soy Emma... un gusto que hayas venido a casa'' Una sonrisa sin sentimientos tomó lugar en su rostro dejándome entender que me diría lo que necesitaba. 
''Necesito que me diga como era Marcel... Antes de... Antes de ingresar en la universidad'' Le pedí para ganar puntos faltantes, y la mujer empezó el relato desde los nueve años de Marcel hasta los 18. Muchos puntos tenían conexión, pero aun nada me decía nada, no había nada que me dijera que relación tenían los cuentos con el suicidio de mi amigo.
''Marcel era un chico muy especial, vivía en su propio mundo... Las cosas de su habitación están todas marcadas. Contaba los personajes de sus historias, tenia un cuaderno con todas las descripciones de sus libros y hacía anotaciones en él, nunca lo extraviaba. Soñaba con poder viajar a Egipto algún día y escribir una historia dentro de las pirámides... Era tan joven. Quizá una vida tan desordenada no lleva a nada bueno.'' Su voz se volvió lejana y supe entonces que no había nada que encontrar aquí. Le pedí que me llevará a la habitación de Marcel y allí estuve dando vueltas un rato y tomé algo que llamó mi atención, debía analizarlo, creo que estaba cerca de saber porque.. pero no podía asegurar nada. La tarde se volvió tediosa hasta que al fin pude correr a casa  encerrarme en mi habitación.
Lo que tomé de la casa de Marcel era su diario, o mejor dicho una agenda, que llevaba a todos lados en la universidad. Me decía que era una especie de sitio donde ocultaba cosas obvias. Allí tal vez estuviera la razón de... 
''No le coloco fechas... A nada de lo que escribo aquí.'' Me dijo con una mirada cómplice. ''Es enigmático... si muero algún día nadie sabrá el orden'' Y se echo a reír.
El protegía sus cosas incluso al pensar en su muerte. ¿De verdad quería el que yo supiera esto? O ¿eran simples ilusiones mías? Marcel era extraño, no tendría porque... Mientras estos pensamientos se formaban en mi cabeza un escrito llamo mi atención.

''Arthur: Querido amigo, si supieras que nos separaremos pronto no me dejarías ir sin haberte dado un por qué, pues para todo necesitas una razón, pero tranquilo que te dejaré una razón en mi correo electrónico. Jugaremos a los espías como lo hicimos cuando nos conocimos ¿recuerdas? Ese juego de una semana de duración donde cada uno iba dejando pistas al azar para que el compañero descubriera el mensaje oculto. Esto sera igual solo que tu deberás jugar solo y si lo logras sabrás. Ojala leas esto lo mas pronto posible y no muchísimo después. Y espero que mama no esconda ni mueva mis cosas, estoy dejando todo como un patrón. Recuerda que yo tampoco hago nada al azar. Te quiero.
 Marcel''.

Estaba llorando, no podía controlarlo... Él sabía que yo querría saber que pasó. ''Un juego''. La verdad era de esperarse, ese juego lo invento él. Era como si un juego nos haciera viajar de los 20 años a los diez y lo disfrutábamos. Eran momentos que no volvieron nunca y no volverían. Pero debía jugar por última vez. Seguí revisando el diario y encontré lo que buscaba. la primera pista:

''1) Llegaste al fin, amigo. Ve y busca la segunda pista en los cuentos. Recuerda que me gustaba contar los personajes de mis cuentos. Cada cuento tiene un numero de personajes. Mi clave tiene 15 digitos... ya te adelante 11 con mis cuentos. Los otros 4... ¡tú los sabes! Usa la cabeza. 
Marcel''


martes, 8 de agosto de 2017

I. Carta de suicidio

Tanto molesté a mi amigo el escritor hasta que decidió enviarme sus cuentos para que los leyera. Yo estudiaba ingeniería y él letras, pero había algo en mi que la literatura atrapaba y me hacía querer saber más y más, o simplemente leer y leer, cultirizarme un poco, disfrutar de esas historias que esconden las letras en un pacto con quien las lee, un pacto que implica darles vida y luego dejarlas morir, para que luego revivan como el ave fénix lo hace al expirar. Le pedí sus cuentos hasta que decidio anotar mi correo y pasarme uno a uno a sus cuentos, cosa que yo disfrutaba. Trabajábamos juntos en el restarunt-café de la universidad, así que cada día le recordaba enviarme los cuentos y él, diligentemente, me enviaba uno nuevo.
El primer cuento relataba la historia de un padre soltero que llevaba cinco años cuidando a su hija por si solo, ya que su esposa murió al dar a luz a la pequeña y el no tuvo tiempo para el amor, pero años mas tarde logró enamorarse de una hermosa mujer, aunque no llegó a casarse pues la mujer también murió antes de que él pudiera pedirle matrimonio. Su hija al ver que su padre estaba triste comenzó a hacerle dibujos y mas dibujos hasta que aquel hombre lleno una carpeta entera de dibujos y los llevaba a todos lados. Un día la pequeña le hizo una carta y no un dibujo, una carta que decía que esperaba que alguien le diera lo que él necesitaba. El padre no entendió esto y llegó a casa confundido encontrando a su hija dormida entre dibujos y uno de ellos era ella su papá y una mujer sobre la que estaba escrito ''nueva mamá''. La llevó a su habitación con una sonrisa en los labios y allí concluía la historia. 
La segunda historia narraba las aventuras de un par de gemelos, Thomas y Tyler, que viajaban juntos a todas partes, pero que aparte de ello se podían comunicar por telepatía y ambos poseían telequinesis. Un día tomaron a Tyler unos drogadictos para asaltarlo, pero al ver que no tenia nada encima lo llevaron a un callejón para violarlo, Thomas al escuchar los pensamientos de su hermano fue hasta donde estaba y de la desesperación le arrancó los brazos a los asaltantes y salieron corriendo de allí. Se fueron de esa ciudad y nunca regresaron. Ese relato traía consigo un dibujo virtual donde se veía un hombre mirando por una ventana hacia una enorme ciudad.
Así fueron pasando los soles y la bandeja de entrada de mi correo se llenó de cuentos, cuentos que amaba por su fluidez y ritmo. Siempre respondía sus correos y hablaba de sus escritos. Él sonreía cada vez que le decía que me había encantado el cuento y cuando le daba criticas las anotaba en una pequeña libreta que llevaba a todos lados y se aseguraba de enviarme el cuento arreglado según lo que le había dicho. Era genial tener aquella cantidad de cuentos. Algunos eran muy largos otros eran cortos, pero cada uno abría la puerta a un mundo diferente, cosa que no creía posible. Del primer cuento hasta el ultimo que recibí pasaron 10 días.
''Oye deberías escribir una novela'' Le dije mientras salíamos del turno del restaurant. ''Me lo he pensado'' Respondió mientras miraba el reloj ''Cuando la empiece te enviaré capítulos''. Me emocioné de que mi amigo se internara en algo como una novela y me la confiara para leerla primero... aunque esperé pacientemente algo que nunca llegaría. ¿Por qué no llegaría? Esa noche mi amigo se suicido. Yo no podía creerlo. Lo había visto todo el día, y nada parecía indicar desanimo, molestia o tristeza, pero esa noche se suicidó, no sin antes enviarme el cuento numero 11.
El cuento versaba sobre una mujer cuyo padre había muerto de vejez y este nunca había tenido esposa. Ella no quería sufrir el mismo destino que su viejo y decidió ir a un bar esa noche donde se encontró con un apuesto muchacho de ojos azules. Tuvieron sexo y al siguiente día él le dijo que se volverían a ver. Una historia muy romántica y con un final feliz. Estaban juntos. No entendía porque se había suicidado. 
Este último cuento trajo consigo un comentario que me dejo pensativo: 

Releer todos los cuentos en orden cronológico ayuda a los autores a buscar cosas perdidas en sus historias, creo que eso te ayudará a entender, amigo. Y por favor, no compartas estos cuentos con nadie hasta que lo entiendas. Con nadie.
Marcel.

Nunca hago esto

Upata, 08 de agosto del 2017

En un corredor desordenado
 que guarda mas que recuerdos,
te escribo esto.
JoGHer

Querido:
S, Pues como lo dice el titulo de esta entrada... nunca hago esto. Poner nombre de destinatario a mis post, hacer que mis letras vayan dirigidas a alguien en especifico, tomar el valor de decir ese Te amo en público, porque, al final todos se van. Pero tu eres diferente.
Decirte que mi día de hoy fue perfecto es lo más cercano al sentimiento que tengo de todo lo que hoy ha pasado. Hay mucho que siento por debajo de la alegría... Aún hay momentos oscuros, pero la claridad de tu luz cerca de mi, me hace pasar esos abismos sin iluminación como si flotara en nubes de seda y cayera sobre el algodón del cielo. Tus manos marcadas y tus besos que no me dejan, tus canciones favoritas y las mías combinadas. Poemas dichos en el éxtasis y un desayuno juntos. Tomar café juntos, orar juntos y tantas cosas que se han hecho y dicho... no me creo que haya pasado tan poco y a la vez demasiado tiempo como para que todos estos sentimientos afloraran en cada poro de tu piel y la mía. 
Reflejos en los espejos, jabón por todos lados, besos robados, todo, todo es tan... nuevo. Sé que muchas personas son afortunadas, aunque... nosotros nos ganamos un premio.
No puedo tampoco describir que es lo que siento por ti. Te digo Te amo  porque es la convención social más acertada -hasta ahora- para describirlo, pero va más allá, mucho más allá.
Creo que estoy haciendo larga esta carta, y la dejaré hasta aquí por ahora. Espera otras y estate pendiente de lo que aquí te escribo, tu que me lees. Hay muchas más cosas que quiero decirte.Mientras tanto seamos pacientes. 
Tuyo:
J.

lunes, 7 de agosto de 2017

De plus Dieu

Oh, how amazing it is
when the sun rise in the sky and
dies in the same spot that was born!

Oh, how sad it is when the love goes away
a rose is dead in the garden
and the heart stays alone and make spells!

Ah, beautiful enchantress that makes do
the things I do, take away pain
take away the regrets of tomorrow!

If God can hear me, please save me
Give me something else than this life
and take me from this terrible land!

Ah, the fairies are beutiful in the night
when the dark appears and the sun dies!
Ah, the fairies of tonight!

Give me a new name, give something else
I know that you can hear me!
I know that you are folowing me!

Take the sorrow and pain away
make the smell of the spell feels good
make the smell of my spell feels good.

Oh, please I know you there
give something else, something enterely new
somenthing that makes me shine again!

I know that you can hear me
and I know that you are there
Give me, give me, give me a new name!

sábado, 5 de agosto de 2017

Toute personne qui écoute Dieu

¡Ah! ¡Cómo sentirme cerca!
¡Cómo escucharte si a veces no estás!
Te persigo en la noche
pero parece ser que Tú me persigues a mi.
No me dejes, pero dejame en paz
No me sueltes, pero suelta las ataduras
Abrazame, pero me sofocas
¡Ah, que desesperante est sentimiento!
Per, a ti... te amo, no solo de palabra
Pero a ti te amo, porque escuchaste a Dios
No, jamás me sueltes, jamás me dejes
Tomame de las manos, tomae y hazme tuyo
porque ambos escucharemos a Dios.
Entre tus besos tejido de seda roja
y los abrazos armados de piezas dispersas
tomame, tomame ahora
llévame al infierno para luego subir al cielo
hazte conmigo, y suéltame, liberame en el mar
la inconsciencia, la verdadera vida
somos esos que escucharon a Dios.
Somos esos que se lanzaron al abismo sin esperar que hubiera comprensión debajo
somos esos que somos y seremos y eramos
¡Ah! Te encontré en mis letras, perdido y hallado
así somos y así seremos¿Así fuimos?
Caminamos sobre el agua y bebimos el viento
Tragamos fuego y nos calentamos en tierra
Esos son los versos que te quiero regalar y los que vendrán
Soy tuyo, Dios, soy tuyo.
No se habar francés, ni latín, ni nada que no sea español o ingles.
Pero entiendo perfectamente el lenguaje del...
¡Ah, me llaman...! Luego te sigo diciendo que entiendo de lo que es y no es.
Somos esos que escucharon a Dios, estemos orgullosos
de tomar nuestras manos y caminar, caminar, caminar juntos.

viernes, 4 de agosto de 2017

Pseudónimos

Despertar siempre sería la parte más difícil del día, a parte, claro, de ir a dormir. Porque en la mañana soñaba y en la noche pensaba, simplemente me era imposible concentrarme en una sola cosa. El trabajo en la librería absorbía mi alma cada mañana y por las tardes el sueño engullía mis pensamientos hasta bien entrada la noche, momento en el cual conciliar el sueño era algo inadmisible. Suponía que Morfeo y yo estábamos en una disputa sin fin por algún desagravio que yo le hubiera hecho, pero eso, como muchas otras cosas, no me interesaba.
El café de la mañana siempre era amargo y el de la noche dulce, lo hacía así como una práctica que me dejó mi abuelo para dormir o despertar, pero no funcionaba para ninguna de las dos cosas. Permanecía en un estado de sonambulismo del que nadie era capaz de sacarme desde hace mucho tiempo.
Todas las novelas que había escrito permanecían apiladas en mi mesa, cada una en una carpeta distinta, con el título y la fecha en que había sido terminada; en notas adhesivas estaban plasmadas las veces que cada una había sido rechazada por distintas empresas. Después de la vigésima primera vez dejé de enviar mis obras a editoriales y quedaron plantadas en el escritorio. Había perdido la esperanza en la publicación de alguna de ellas, estaban muertas en ese espacio esperando a que alguien las reviviera; y ese alguien siempre era yo al releerlas; a nadie más le interesaban.
Mis noches eran eternas y cada día pasaba demasiado rápido. Un cuento nuevo, a mano, con cada luna, iba llenando en el escritorio hasta que ya no hubo espacio encima y empecé a llenar las gavetas, el closet e incluso a pegar en las paredes de mi habitación cuento tras cuento, hasta que ya no se veía la pintura, y mi papel tapiz fueron mis historias. Mujeres y hombres cobraban vida en cada página, doctores, asesinos, enfermeras, magos, monstruos… y todos ellos morían al salir el sol. Ninguno lo suficientemente bueno para ser publicado, ninguno lo suficientemente bueno para sacarme del anonimato.
Es bueno mencionar que las noches donde nada cobraba vida en el papel, lo hacía en mi cuerpo. Mujer tras mujer pasaba por mi cama, mi sala, mi cocina, gozando el placer sexual que se podía tener con alguien que no dormía, y que nunca estaba cansado en la noche. Sus nombres no me interesaban, su aspecto tampoco, eran cosas de un momento, hasta que una noche hubo una mujer que me robó todo lo que tenía dentro de mí. El sueño, el cansancio, la vida, mi alma, todo. Se llamaba Afrodita, y le hacía honor al nombre que llevaba. Ondas de cabello dorado le caían hasta la parte baja de la espalda, ojos color turquesa que podían ver a través de tu alma, pechos y nalgas perfectamente levantados, y una energía que me hizo llegar al clímax del goce muchas veces en una sola noche. Al día siguiente cuando desperté ella no estaba conmigo, se había ido, dejando su perfume en mis sabanas, en mi piel, en mi casa... pasé todo el día tumbado, desnudo, pensando en que aquella mujer con cuerpo y nombre de diosa que había visitado mi hogar. Me levanté al final de la tarde a preparar café y allí, en el sofá, estaba una nota adhesiva con una letra muy elegante que rezaba: ''Podemos vernos otra vez…'' seguido de un número de teléfono, firmado por Afrodita. Llevé la nota hasta la cocina y la pegué en la nevera para asegurarme de verla cada día.
Pasaron los días y nadie más visito mi habitación. Extensas poesías tomaron forma gracias a los pensamientos que Afrodita había depositado en mí ser. Mujeres y hombres volvieron a tomar vida y un nuevo destello de esperanza me hizo tomar una de mis novelas y enviarla por vigésima segunda vez a una pequeña editorial ubicada en una ciudad contigua a la mía, mientras que al mismo tiempo le enviaba un mensaje de texto a la diosa de cabellos dorados. Resultaba ser que ella vivía en la ciudad a la cual acababa de enviar mi obra más preciada y decidí aventurarme e ir a visitarla, ella con gusto me recibiría en su casa. El viaje no duró más de veinte minutos, pero para mí parecieron horas interminables. No estaba enamorado, estaba extasiado con la existencia de un ser tan perfecto como ella. Al verla nada había cambiado a parte de su ropa. Sus ojos, su cabello y su cuerpo seguían siendo los mismos que me cautivaron hace unas noches. Almorzamos, salimos, cenamos y luego su habitación se llenó de los gemidos que nuestras bocas producían por el placer que nos dábamos el uno al otro. Esta mujer era perfecta y estaba delirando de poder hacerla mía, hasta que en un momento susurró mi nombre, o mejor dicho, mi seudónimo, nadie, nadie sabía que yo era el firmante de mis novelas y cuentos, ese nombre era mi yo literario, no existía, nadie le conocía. Cuando dijo mi alias me excite más por la sorpresa, trabajando más rápido y llegando al clímax antes de lo esperado. Al salir de nuestro éxtasis no pude evitar preguntarle como sabía que ese era mi seudónimo y ella respondió que lo había visto en los cuentos pegados en la pared de mi habitación noches atrás. La sorpresa fue sustituida por admiración. Ella se había tomado el momento para leer las historias que se amontonaban en la pared de mi habitación mientras yo dormía. “Fueron tus historias las que me hicieron dejarte mi número”, dijo algo sonrojada, mientras la luz de la luna se filtraba por la ventana haciéndola parecer más perfecta. “Mis historias son mis demonios, y mi seudónimo es mi exorcista, Afrodita”, le dije. “Eso es poético”, respondió. “Si, cosas que aparecen de la nada y llegan a tu mente”, dije divagando, “nunca te dije mi nombre, Afrodita”, continué. “No lo necesito, pues sé quién eres por tus historias”. Dijo mirándome a los ojos. “No, no lo sabes. Conoces al hombre que escribe, pero no al hombre que vive, mi hermosa”. Le dije. Subió sobre mi pecho plantándome un beso en los labios y susurrando mi seudónimo una y otra vez hasta que ya no parecía un apodo, hasta que se tornó real, hasta que pasó a ser mi nombre de verdad.
El día tomó el lugar de la noche, llenando de luz la habitación, despertándome abrazado a la mujer que conocía parte de mis secretos. Los murmullos de mi inconsciente me decían que debía irme mientras ella durmiera, pero no quería apartarme, no quería, Era sábado, era temprano y nada más me importaba que estar tendido al lado del ser humano más perfecto que había conocido. “Buenos días, Ares”. Dijo ella soñolienta. “Buenos días, Afrodita”. Le dije. Era irónico que mi seudónimo fuera el nombre del dios griego con el cual Afrodita engañó a su esposo Hefesto, pero las ironías son como el agua, están por todas partes. Me besó, se levantó y fue a la cocina.
Me vestí y fui detrás de ella. “Etham, ese es mi nombre. Dejemos a Ares para los libros”. Le dije posando mis labios en su oreja. Ella se rió y me dijo: “Dejemos a Afrodita para la mitología, Soy Marie”. “¿Qué?” Le pregunté mirándola a los ojos. Ella sabía mi seudónimo antes de dejar esa nota en el sofá, lo hizo adrede, tomó el nombre de una diosa sabiendo que yo no podría evitar la tentación de escribirle otra vez. Cada vez me parecía más hermosa, más inalcanzable. Cuando me dispuse a hablarle otra vez mi teléfono sonó cortando mis palabras. El número no estaba registrado. “Buenos días”, contesté reprimiendo un bostezo que apareció de la nada. Lo siguiente no lo recuerdo bien, solo sé que asentí un par de veces, dije unas veces más, di las gracias y colgué. La abracé, la levanté del suelo y la besé innumerables veces mientras le decía que mi novela había sido aceptada en la editorial de la ciudad y que dentro de una semana seria publicada en la gran convención del libro del país. Mi felicidad irradiaba por cada fibra de mí ser y la sorpresa tomó lugar en el rostro de Afrodita, digo, Marie. Todo era perfecto, los dos iríamos, mis pensamientos bailaron una y otra vez y le pregunte si quería ir conmigo ese día “Me encantaría pero tengo planes para la fecha, Etham”, respondió. La decepción se posó sobre mí, pero aun había tiempo con ella, la invité a salir en otro momento y me dijo que estaba bien. Seguimos nuestro día yendo y viniendo en nuestros cuerpos, una unión tan perfecta que parecía que nada la destrozaría. Por vez primera parecía estar imaginándome al lado de alguien toda mi vida.
Esa fue la semana más larga que pude tener en mi vida, pero al fin la rutina se había quebrado hasta quedar hecha añicos. Tomaba café dulce en la mañana y en la noche, dormía lo necesario, las tardes eran un mar de pensamientos que quedaban plasmados en mis cuentos y poemas.... no solo mi habitación se llenó de ellos, sino que todo el apartamento fue inundado por mis historias, una decoración poco usual, pero que se adaptaba a mí manera de ser, algún día los quitaría, pero hasta que ese día llegara todo iba muy bien. El trabajo en la librería se me hizo más fácil, rápido, llevadero... Hasta que llegó el día de la publicación.

Me dirigí a donde se efectuaría el evento del libro y allí lo vi, en un estante, con alrededor de doscientas copias a su lado, mi libro. La publicación traía consigo una entrevista con el editor y su equipo, y una firma de libros. Era una editorial pequeña, pero famosa en la ciudad. Cuando el momento de la entrevista llegó, la impresión cayó sobre mí como si Zeus hubiera estado preparando un rayo que llevara mi nombre y fuera ineludible. Al lado del editor estaba ella, tomando su mano, mi diosa, mi Afrodita. Sonriendo a los invitados, sonriéndole a él. Se acercaron a donde yo estaba, y hasta ese momento ella no se había fijado en mí. “Hola, Soy Héctor Andrews, dueño y jefe de la editorial, y estoy orgulloso y emocionado por la publicación de tu libro…” Sus palabras se perdieron en mi mente mientras me estrechaba la mano y me presentaba a su esposa, Marie. Su esposa. Le sonreí, mientras sentía como se deslizaban cristales rotos dentro de mí. Su esposa. Ese día yo no era Etham Nicols, ese día yo era Ares Thomas, un escritor, y ella era Marie Andrews, la esposa de mi jefe, y no Afrodita, la mujer con la que quería pasar el resto de mis días. Respondí rápidamente a las preguntas que me hizo, saludé a Marie como si nunca la hubiera conocido, sin dirigir mis ojos a los suyos, mientras luchaba con no dejar salir las lágrimas que se aglomeraban en mis ojos. Me dieron cinco ejemplares de mi obra y miré a Héctor y Afrodita, digo, Marie. Era hora de irse a almorzar con el equipo de edición, almuerzo al que yo estaba invitado pero que decliné ir con alguna excusa que no logro recordar. Mientras se iban, me quedé viendo a Marie, a Afrodita, irse con su esposo. Ella volteó un momento y nuestros ojos se encontraron por primera vez en todo el día. Su mirada penetro en mí ser como lo había hecho la primera vez, di un paso hacia ella, pero sus ojos se perdieron de los míos cuando su esposo la tomó para darle un beso y salir del lugar. Quedé plantado allí unos minutos con uno de mis libros en la mano, y mis ojos fijos en la mujer que se alejaba de mí para no regresar.

Cometer

Son solo pequeñas cosas las que me hacen pensar que tú y yo somos el uno para el otro... pero de pequeño se va a lo grande y he cambiado...