jueves, 27 de julio de 2017

Nuevo país

Los aplausos se escuchaban a lo lejos, había una fiesta, una celebración, pero yo no podía estar presente, tenía mi propia fiesta en unos momentos. Un país que nace siempre es razón de celebración pública, pero estar enamorado de alguien comienza siendo privado. Me monté en el corsel de mi padre, acomodándome el velo y con cuidado de no rasgar el vestido de fiesta y cabalgué hasta el pueblo; en una casa que quedaba casi en las afueras de nuestro reino, me esperaba un caballero. Tenía mi propia fiesta.
Mañana el nuevo país sería nombrado y entregado a mí, por ser la primera concepción de los reyes. Todos esperaban grandes cosas de mí, fortuna riquezas, lo típico... yo solo quería ser libre de las ataduras del castillo, amar de verdad, como esas princesas y príncipes de los cuentos de hadas, pero las cosas no eran tan fáciles, y las hadas ya habían huido al bosque. Un largo suspiro se escapo de mi boca.
Los ojos curiosos me siguieron desde el castillo, ver a la princesa del nuevo reino y nuevo país, cabalgando mientras el sol se ponía, hacia el otro lado de la ciudad, hacia un lugar lejos del banquete de celebración, no era común, pero nadie hacía más mención de ello que simples cuchicheos. El vestido me quedaba algo apretado en la cintura mientras montaba, pero valía la pena, mi caballero esperaba dócil y paciente. La guerra había terminado ya, y la presencia real solo debía ser cumplida por los reyes, mis hermanos y hermanas estábamos exentos aunque ellos si se quedaron a la fiesta. Detuve al corsel, me bajé cuidadosamente y entré en la casa que habían dejado abierta. Me quité el velo y los guantes y los dejé sobre el mueble de la sala y allí, a unos metros, en pantalones nada más, estaba él. 
Me miró sonrió, se me acercó y nos fundimos en un apasionado beso, sin dejar que nada ni nadie nos interrumpiera. Caímos en el sofá, sus manos recorrieron mi pecho y fueron hasta las ataduras del vestido y riendo me dijo:
-Tendrás que agradecer de por vida a la princesa, por haberle cedido un vestido real al príncipe del nuevo país ¿O debo decir futuro rey?
-Sí, le debo la vida. - Le respondí y la noche cayó sobre nosotros.

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