3. Quod amandus

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''Quod amandus'' en latín quiere decir: La que debe ser amada. 
Al evolucionar la lengua y tener las transformaciones vulgatas 
pasa a ser el nombre propio: Amanda.

Las hojas caían espesas ese otoño y no había lugar en mi ser para describir que sentía. Las personas me daban sus condolencias y yo solo miraba el lugar donde mi amado yacía, inerte y dormido para siempre. Eso es la muerte un sueño profundo del cual nadie te puede despertar, que puede pasar en cualquier momento y en cualquier lugar. Pamplona nunca se sintió tan fría, el otoño nunca fue tan oscuro como ese octubre, y jamás volvió a llegar la primavera... por lo menos no para mí.

* * *

Caminé por el bosque sintiendo cada palabra de la nota que encontré en mi ventana la noche pasada. La herida que cubría la venda de mi brazo me dolía muchísimo, la verdad es que Javier era pésimo con la puntería pero tenía una fuerza increíble.Aun así lo único que tenía en mente eran los ojos oscuros de Alexander, mirándome sorprendido al ver la sangre en mi brazo y luego mirándome tiernamente en la sala de su casa cuando casi me besó, esos ojos de los cuales yo guardaba un recuerdo borroso... Mis mejillas se encendían aún con aquel recuerdo y seguí el camino hasta el claro del bosque donde Eros me había flechado, pero yo creía más en Ágape. Sí, Eros nos había flechado, pero yo sentía Ágape en mi ser, el amor perfecto, ese que me invadía, ese que estaba segura que lo invadía a él también. Las hadas de los bosques de Pamplona habían dejado caer su polvo mágico sobre nosotros y por primera vez en mucho tiempo sentí la felicidad danzar en mi pecho, jugar y hacerme sonreír, entonces volvió la primavera.

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En Pamplona cuando azotaba el invierno todos rezábamos por las cosechas, para que no se perdiera el trigo, para que los tubérculos se mantuvieran bajo tierra. Cuando empezaba a llover granizo rezábamos a La Virgen para que cubriera la siembra con su manto y al terminar las letanías el granizo se detenía, y salíamos a limpiar y salvar el trigo que el frío hielo no había matado. En un funeral al terminar las letanías solo había lágrimas que secar, nadie que levantar... los muertos no volvían, se quedaban acostados inertes... al igual que el trigo aplastado por el granizo. Yo quería ser ese trigo... quería ser la que se quedara acostada para siempre al lado del ser que más amaba, el que me había dado la felicidad, pero no, los dioses tenían un plan distinto para mí, y juraba que si pudiera cambiarlo lo haría.

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- Pensé... pensé que no vendrías. - Dijo Alexander sonrosado. Su tez estaba hermosa, y era un reflejo de la mía. - Javier quería venir vestido con alas y ahora flecharme a mí, pero...
Una carcajada se escapó de mi garganta al imaginar a Javier de ángel del amor. Y Alex se me unió. Sentía el Ágape invadir el claro, llenarnos de amor perfecto.
-Tú... - Él tenía 17 años es decir que pronto debería elegir esposa según las tradiciones de nuestro pueblo.
-¿Yo...? - Me sostuvo la mirada.
- ¿Ya has elegido esposa? - Le pregunté. Se suponía que el debía ser el que se propusiese, el que me acortejase, pero yo... no quería perder la oportunidad. Se quedó pasmado y el color rojo de sus mejillas se intensificó.
- No lo he hecho, Amanda. Yo...- Duba al responderme. - Pero es que yo... Según estas tontas tradiciones debemos... - Se le trababan las palabras. - Es decir yo he conocido a alguien. - Y el hielo del invierno cayó en verano.
- Oh...- Fue lo que logré decir.
- Y estoy enfermo... No he querido elegir una esposa para no causar tales problemas a alguien más, ya mis padres tienen suficiente con...
Lo que dijo se perdió dentro de mi. Estaba enfermo. Por eso se sentaba a tanto tiempo cada día, por eso sobre protegía a Javier, por eso trabajaba más que los demás y luego no salía por días de su casa. Por eso algunos de mis recuerdos eran borrosos, o solo de Javi. Estaba enfermo.Todos los hilos de las Parcas confluían aquí mi destino no era ser amada, mi destino no era estar con nadie... mi destino no era ser amada. ¡Ja, que risa que mi nombre sea la mejor sátira de mi vida!

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-Vamonos ya, Amanda. - Escuché la voz de mi madre y un llanto desconsolado volvió a salir de mi garganta. No quería, no podía. ¡Papá, levántate! ¡Sal de ahí! ¡Surge de tu muerte como el fénix! No me dejes sola...
Esas noches y días pasaron sin amor en mi vida, la Guerra civil había acabado y los espíritus de los caídos volaban sin cesar por todas partes. No, no lo podía aceptar. Todo sería frío... el invierno, el otoño, la primavera y el verano serían fríos de nuevo, nunca volvería a sentir calor, jamás volvería a sentir amor. Filia rondaba mi casa siempre, y lloraba conmigo la perdida de mis familiares. Eros no se me acercaba por mi tierna edad y Ágape pasaba de lado mi existencia. Nunca me tomarían como esposa, nunca sería feliz, una triste huérfana de padre... Y el invierno cayó suavemente abrazándome, dándome paz... pero nunca felicidad. Un año transcurrió de la perdida de mi padre... y en funeral... fue la primera y ultima vez que Alex me abrazó.

* * *

Alex me abrazó al verme llorar, todo lo que había dicho se había perdido en el viento. Yo ya no soportaba nada, no quería nada, mi existencia era un circulo miserable de...
- Te he conocido a ti. - Escuché a una voz lejana. - Te he conocido a ti en tus sonrosados pómulos, en tus amargas lágrimas, en tus gritos de dolor y de espanto, en la rabia de tu semblante, te he conocido, Amanda... A ti te he conocido, y a pesar de que no ha pasado tanto tiempo, la flecha de Eros que literalmente cayó sobre ti, cayó sobre mi al mismo tiempo, al mirarte, al escudriñarte yo...
Lo tomé del rostro y le dí un beso. La felicidad volvía a danzar con mi alma. Sentía a Filia sonreírme de nuevo, vi a Ágape caer sobre nosotros y Eros invadió nuestros cuerpos. Mis manos buscaron mas allá de su camisa, y las de él se perdieron en los lazos de mi vestidos. Eramos dos simples niños jugando a ser adultos, pero así estaba bien que se cayera el mundo, que el fin del mundo estallara. No me importaba nada.
- Amanda... yo. - Me decía jadeante al oído.
- Dejemos que pase...- Ya no quería más ''no'' en mi vida, y sentía que era lo correcto. Vi los días de juegos en el parque, las noches de miradas sigilosas en las fiestas, el dolor de su abrazo en el funeral de mi padre... Eran cosas pequeñas, sin importancia, pero ahora encajaban en el rompecabezas que se terminaba de armar con la unión de nuestros cuerpos.
Dejaría el cielo caer y me entregaría por completo aun si saber si el sería el hombre de mi vida, y si así era que cayera el cielo entonces.
Sentí sus manos deshacer los lazos de mi vestido, le quite su camisa apresuradamente...
- ¡Alex! - Era Javier. - ¡Alex dónde estás! ¡Mamá te busca!
- ¡Y UNA MIERDA! - Gritó Alex. Se vistió, anudo los lazos de mi vestido y me besó. - Lo siento. - Dijo, y corrió a casa.Y de nuevo estaba sola, confundida, llorando en soledad.

* * *

Una semana transcurrió, una larga semana donde no supe nada de nadie. Me encerré, no comía, no salía. No quería vivir.
- Amanda.- Escuché a mi madre llamar suavemente al otro lado de la puerta. No respondí. - Amanda... Aquí está Alexander. - Una energía extraña recorrió todo mi cuerpo y salté de la cama. Me volví a acostar avergonzada.
- Dile que se vaya. - Él no había hecho nada malo, pero era yo la que se había dejado llevar por miles de sentimientos encontrados, era yo la que había...
La puerta dio un clic y lo vi frente a mí. Se me acercó y mi madre entró con él.
- Amanda, siento haberte dejado sola tanto tiempo. Pero tuve que ir a la capital y... Tranquila. He regresado a tu lado, como nuevo. - Lo miré incomprensiva. - Desde el funeral de tu padre bloqueé un sentimiento, un sentimiento que vino a mi mente cuando nos visitaste, un sentimiento que me invadió en el claro. Lo recordé, no era algo desconocido.. Era... Eras tú. La necesidad de protegerte, la necesidad de estar contigo. No recordaba haber ido al funeral de tus padres, ni haberte abrazado luego por tanto rato. No recordaba a Javier celoso de que le quitaría a su amiga, no recordaba nada... Porque nunca creía en Ágape, ni en Eros... Solo en Filia, ese amor familiar... pero hora creo en la trinidad del amor que conforma un todo... y es por ti. Mereces ser amada y no solo desgracias. Las flechas de Eros habían pasado de ti y de mí por que ya nos habían flechado desde antes que naciéramos.''Etxe Berria''... En la lengua antigua significa ''casa nueva'' y esa oportunidad que Javier despertó... ''Ándres protáti'' que en griego quiere decir ''protector de hombres'', lo que yo siempre he querido ser... ''Quod amandus''... ''La que debe ser amada'', Tú. - No dijo nada más. Metió su mano dentro del bolsillo y sacó una cajita muy pequeña, la abrió y vi resplandecer una gema verde, una esmeralda, la piedra del color de la esperanza, y volví a sentir a Filia, Ágape y Eros en mi, ahora para siempre sellados en el anillo que se deslizaba en mi dedo. 

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