2. Ándres prostáti

   La primera parte de esta historia, titulada ''Etxe Berria'' ,
   la encontrarán en el siguiente link:

* * *

Andrés prostáti en griego quiere decir: ''Protector de hombres''. 
Con la evolución del lenguaje pasó a ser: Alexander.

Siempre debí cuidar de Javier, solo 2 años mayor y yo era como su papá. Nuestros padres han sido buenos hasta ahora, pero los trabajos del campo exigen eso, trabajo. Eramos afortunados de poder abrazar a papá cada noche antes de dormir, y besar a mamá cada mañana cuando nos daba de desayunar. La felicidad nos arropaba cuando en los sábados corríamos colina arriba con nuestro carrito hecho de tablas, mecates y latas, rodábamos colina abajo y el mundo desaparecía a nuestro al rededor. Disfrutábamos del invierno cuando ibamos por la leña y nos lanzábamos bolas de nieve, armábamos muñecos y volvíamos a casa con las caras coloradas. Amontonábamos las hojas en otoño hasta formar una gruesa pila para lanzarnos sobre ella para luego rehacerla una y otra vez. Eso era y es Pamplona para nosotros: un paraíso, y ahora... Debía cuidar de Javier.
-¡Alex, me lastimas, joder! - Gritó mi hermanito y me hizo salir de mis pensamientos. Le solté de mi agarré y lo miré a los ojos.
- ¡Alexander! ¡Javier! ¡Venid a casa! - Volvió a gritar papá desde la granja.
- Tú no hiciste nada. - Fue lo único que logré articularle a mi hermanito. El asintió poco convencido y trago saliva. Caminamos en silencio a casa.
El calor de la cocina llegó a nuestros rostros, la carne recién asada, el pan acabado de hacer, jugo de moras silvestres, mantequilla y mermelada, café y leche. Todo en la mesa para nosotros cuatro. La preocupación no abandonaba el semblante de Javier, nunca había sido buen actor.
- ¿Qué tal lo habeis pasado hoy en el campo? ¡Mirad que os he visto con las flechas y arcos! - Dijo mamá sonrosada de la alegría.- Sois unos expertos en artesanías. 
- Yo... eh... - Javier no iba a poder decir...
Pum pum, pum. Sonó la puerta de la casa. Papá se levantó de la mesa y fue al recibo, mi alma abandonó mi cuerpo y Javier empezó a llorar.
- Lastimé a Amanda. La hija de los vecinos, mi puntería es bien mala y yo... - Empezó Javier.
- ¡QUE MI HIJO HA HECHO QUÉ! - Se escuchó la voz de papá desde la sala. Mamá se levantó de la mesa y fue al recibo seguida de nosotros dos. Allí frente a papá estaba nuestra vecina con su única hija, ella había perdido a su padre en la Guerra civil española. Ahora solo estaban ellas dos, y los hermanos de su madre, que aun no regresaban a casa. Papá miró a Javier y le haló del brazo, se arrodillo frente a él y lo miró con una ternura impresionante.
- ¿Por qué no me los has dicho? - Dijo.
La madre de Amanda solo quería solucionar el problema, ya que las familias eran amigas desde hace tiempo. La chica seguía con las mejillas encendidas, pero su mirada buscaba otra cosa. Pasaron y cenaron con nosotros. Fue una cena de disculpas y aclaratorias para los adultos, tensa para los más jóvenes. Al terminar de cenar, mamá preparó más café y fueron, sin nosotros tres, al patio trasero a hablar ''cosas de grandes'', ¡Ja, y una mierda! Cuando nos dejaron solos pudimos hablar.
- Yo, Amanda...- Dijo Javier. 
- No tienes que decir nada. - Dijo Amanda mirando a otro sitio. Mi vista se posó en su brazo ya curado. Ella lo notó y se sonrojo, no se porque esa vista de ojos verdes me hizo sentir escalofríos. - Vale... y... ¿Vosotros vais a tirar con arco siempre? ¿Sabían que Apolo es el dios que da esa habilidad a los mortales? 
- ¡Eso suena a tonterías! ¡Los dioses están extintos! - Dijo Javier cruzándose de brazos.- Son como los cuentos de las hadas del bosque de Pamplona ¡Pura mierda!
- Moderate, Javi. - Dije con mirada reprobadora. - Controla tu vocabulario frente a las damas, y acepta las creencias de los demás. A parte nosotros somos católicos. 
- Vale, Alex. - Su mirada fue directo a un trozo de pan que había quedado en la mesa. Y se movió a por él dejándonos a Amanda y a mi solos en la sala. Se me aceleró la respiración y sentía mis latidos en las orejas. Me le acerqué y dije:
- Sabes, lo siento por la estupidez de mi hermano. 
- Vale. - Fue lo que dijo. Me miró detenidamente y una fuerza desconocida me impulso a acercar mis labios a los de ella y...
- ¡Venga, Amanda, vamos! - Escuché a su madre decir desde el patio. Se levantó sonrosada, acomodó sus cabellos negros y salió corriendo de la sala. Quedé estático en la sala, con un sentimiento desconocido recorriendo mi cuerpo, escuché las despedidas y cuando la puerta se cerró.
- ¡Os he visto idiota! - Dijo Javier pegándome con un cojín en la cara. 
- ¡Déjalo ir, Javi! - Dije con un extraño calor en la cara.
- ¡Pero si te has puesto rojo! ¡Te gusta Amanda! ¡Mamá, Papá, Alex ha encontrado esposa! ¡He hecho un buen trabajo como Eros! - Decía Javi.
- ¡Tú no crees en la mitología! - Le grité pero no podía negar nada más. Mis padres rieron con los chistes de Javier, y yo me quede plantado en el sofá, abrazando el cojín por largo rato.Y decidí hacer algo arriesgado. Subí las escaleras, tomé papel y lápiz y escribí una pequeña nota: ''Amanda: Encuentrame a media tarde en el lugar donde Eros te ha flechado para mí'' A. Corrí a casa de los vecinos, toqué la ventana de Amanda, dejé la nota allí, me alejé vi que la tomaba y corrí a casa invadido de la misma sensación que sentí en el sofá hace un rato.

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