Ética viva

Enfrascarme en algo no me sirve de nada, decir las cosas una y otra vez tampoco, es decir, las palabras no me son suficientes para expresar lo que quiero. El habla, esa manifestación de la lengua que hablo no me es grata para dejar lo que siento con claridad, me enredo, hablo demás, o hablo menos, digo mucho o no digo nada, siempre me corto o me extiendo ¿quién es capaz de entender esto? Me regreso a la Torre de Babel, cuando el hombre, por querer asemejarse a Dios, perdió la capacidad de comunicarse y se crearon las diferentes lenguas; ese momento donde el ser humano ya no se entendió más entre si, y estoy seguro que tampoco se entendió a si mismo, por experiencia propia lo digo.
Está necesidad de comunicarse, está necesidad de hablar, está necesidad de congruencia entre palabras y acciones es lo que hace al ser humano un ideal de santidad, un trono de sabiduría inagotable, una manzana de la discordia y otras tantas cosas infinitas que no comprendemos, porque... eso somos: ética viva y pura que quiere dejar de serlo, en sus introspecciones, en sus malentendidos, en su día a día, en todo. Pero a la vez las palabras y el raciocinio nos permiten estar en orden paz y cósmico, algo en así como sintonía con el mundo a nuestro al rededor. Estoy hablando demás ¿Ves? Lo que te quiero decir es que hay un hilo, largo, largo, que conecta los pensamientos con las palabras y los convierte en acciones entretejidas, y aunque no lo entendamos ese hilo no es la vida, y se acaba también. Cuando sepamos tejer estas tres cosas, cuando sepamos armar más que rompecabezas, cuando sepamos vivir más allá de las vidas ajenas, allí el hilo se acabará y las palabras serán suficientes... volverá el entendimiento.  

Comentarios

  1. Excelente José, me encantó, sencillo y profundo... Pido libertad interior para ti que te ayude al crecimiento integral, mereces lo mejor.

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