sábado, 24 de junio de 2017

A una mascarilla

Tenía años sin saber lo que era estar en una clínica, que te inyectaran y nebulizaran. Eso fue tan... desgarrador. Me sentí como el niño de siete años que depende de los adultos. Nada lindo. Quería, quiero, llorar de la impotencia. Aferrado a medicinas, al cuidado de los demás, es tan... frustrante.
La mascarilla de nebulización me trajo los recuerdos de sentirme ahogado, que mi madre me cargara en sus brazos y me llevará a la clínica más cercana porque no podía respirar, noches interminables de llanto desconsolado por el dolor en el pecho, dormir de a ratos, sentir la fiebre ir y venir, toser como si un gran perro viviera en mi pecho, sentir dolor, toser sangre y pensar en lo efímero de la vida. Todo se reduce a una mascarilla... En un momento estamos vigorosos en otro dependemos de los demás. Dependencia... si eso hace la enfermedad en nosotros. Nos hace dependientes, débiles, frágiles... Nos hace sentirnos cerca del borde de la muerte, nos hace estar en el borde de la vida. Nos inyectan medicinas, nos ponen medicamentos, nos dan tratamientos, nos hacen dependientes. No digo que sea malo, pero... es difícil de aceptar; es difícil aceptar que siempre dependeremos de algo más que de nosotros mismos.

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